Unplugged

Una de las cosas que más me cautivaba de este 18 era tener la posibilidad, más bien la obligación, dada la lejanía de la civilización en el extremo austral de Chile, de estar desconectado.

Debo reconocer que soy adicto a la tecnología y esta experiencia en el fin del mundo iba a ser un gran desafío, ya que por mi trabajo e intereses, necesito estar al tanto de lo que ocurre en todo el mundo, y que mejor forma de estar al día que a través de mi iphone, ipad o laptop. 1

En un principio, me costó y mucho… sentía que me faltaba algo y creía estar perdiéndome muchas cosas. Pero, al segundo día de abstinencia tecnológica, la sensación de no deberle nada a nadie y dejar las preocupaciones de lado, no tuvo precio.

El mayor beneficio fue reencontrarme conmigo mismo y mi entorno, darme un tiempo, un recreo, para analizar la cantidad de información a la que uno está expuesto y, ser capaz de pensar, procesar y valorar quien soy y a quienes tengo al lado.

Más que desconectar, fue reconectar con la realidad, con lo esencial de la vida, con la belleza de la naturaleza, con las ideas propias, con dejar rienda suelta a la creatividad y lo más importante, tener tiempo y calma para disfrutar con un querido grupo de amigos que a través de una simple conversación y vivencias concretas, reafirman lo que busco y quiero para mi vida.

No es necesario irse al fin del mundo para saber que la mejor forma de cargar pilas, limpiar la cabeza y descansar es desconectar o reconectar con la realidad, dejando de lado, aunque sea por un periodo corto de tiempo, la tecnología y sus consecuencias.

La verdadera conectividad e inspiración está en el entorno y en las personas que queremos y que nos rodean.

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